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OMINOSO

exposición de Rolankay

11.09.2025 - 24.10.2025

SOBRE LA EXPOSICIÓN - Texto por Saša Bogojev

“Unheimlich es el nombre de todo aquello que debería haber permanecido en secreto y oculto, y ha salido a la luz.” – Sigmund Freud, Das Unheimliche

 

Das Unheimliche (Lo siniestro), ampliamente considerado como uno de los ensayos más influyentes de Freud fuera del ámbito clínico del psicoanálisis, da nombre a un tipo particular de incomodidad: esa sensación inquietante de algo extrañamente familiar. Este estado psicológico perturbador también puede provocar una anticipación ominosa, como si algo amenazante acechara justo bajo la superficie. Es precisamente esta reacción la que Rolan Kay busca evocar a través de sus imágenes meticulosamente reducidas. En lugar de transmitirla mediante contenidos temáticos explícitos, es la ejecución—las decisiones pictóricas y el enfoque visual—lo que genera la atmósfera de la obra, su tensión conceptual y su tono subyacente.

 

Las ideas fundamentales de Freud abrieron la puerta a lo inquietante, lo surreal y lo cargado psicológicamente, moldeando la forma en que generaciones de artistas abordaron sus temas y formas. Desde las figuras hiperrealistas de Dalí que se comportan de forma extraña dentro de lógicas espaciales dislocadas, hasta los cuerpos fragmentados y las identidades distorsionadas y ambiguas de Bacon, estas obras visualizaron la tensión psicológica de lo demasiado familiar, lo reprimido, lo excesivamente real. En esta misma línea, el tratamiento cinematográfico de lo siniestro tiende a evitar el gore o el impacto directo, generando en cambio inquietud psicológica al desestabilizar lo cotidiano—convirtiendo espejos, recuerdos y semejanzas humanas en fuentes silenciosas de temor. Aunque hoy se manifieste con otras claves y formas, este tipo de incomodidad mantiene su vigencia cultural, influyendo en nuestra comprensión de la inteligencia artificial, los robots humanoides, los clones o las identidades digitales. Basándose en el legado de sus predecesores y nutriéndose de sus experiencias contemporáneas y referentes específicos, Kay emplea la composición y el lenguaje pictórico para generar un efecto de extrañamiento y evocar lo extraordinario.

 

Fuertemente influenciado por la estética de lo fantástico, el artista chileno impregna imágenes familiares y reconfortantes con una sensación de ausencia, distorsión o artificialidad. A través de la repetición de motivos, elementos, entornos y estructuras compositivas, expande continuamente el concepto, generando coherencia y un diálogo entre las obras. A la vez, la revisión de imágenes similares intensifica la atmósfera inquietante que impregna cada una de ellas. Si bien la estructura y la composición básicas se definen en la fase de boceto, es el propio proceso pictórico el que carga las imágenes con una tensión ambigua y psicológica—una que conserva, sin embargo, un sentido de belleza, incluso de glamour. Esta tensión se apoya en el uso de la luz, que, aunque desvinculada de la realidad, se percibe como coherente y lógica en un sentido plástico y abstracto. Evocando fotogramas cinematográficos, las escenas generan un efecto dramático mediante la distorsión de las formas, produciendo señales visuales más abstractas, ambiguas y sugerentes. En este sentido, las figuras se abordan como formas puras, estilizadas de tal manera que se sitúan al mismo nivel que el fondo o el espacio, sin jerarquía clara entre ellos. Al hacerlo, Kay introduce confusión y ambigüedad en lo que de otro modo serían composiciones relativamente directas. Retomando la estética de lo fantástico, los sujetos femeninos remiten al concepto lacaniano de la mujer fantasmagórica, que no funciona como sujeto real, sino como una “pantalla” sobre la que se proyecta el deseo. Menos relacionadas con la persona concreta que con lo que falta—simbolizando lo ausente, lo prohibido o lo incognoscible del psiquismo—encarnan la idea de que la incomodidad no nace de lo extraño, sino de aquello que nos resulta incómodamente familiar: cosas que creíamos haber enterrado en lo más profundo.

 

Si bien la forma en que la imagen se observa y se absorbe es fundamental, la representación temática específica pasa a un segundo plano frente al efecto sugestivo que provocan las pinturas. Trabajando con pinceladas fluidas y sin filtros, Kay construye superficies que no sólo capturan la realidad de escenas interiores nocturnas o crepusculares, sino que las desplazan hacia lo ambiguo, lo siniestro o lo ominoso. Al permitir que el color y el gesto guíen el trabajo más allá de la planificación compositiva estricta, el instinto toma el control y da forma a una dinámica material extraordinaria. Oscilando entre capas de pintura finas y gruesas, los cambios entre acabados mate, superficies suaves y pinceladas densamente empastadas juegan eficazmente con la luminosidad, amplificando su cualidad táctil al absorber la luz en picos y hendiduras. A lo largo de la obra, el tejido del algodón crudo sin imprimar permanece visible como la primera capa de la imagen y una fuente esencial de luz. Por ello, las superficies suelen sentirse vibrantes y vivas, como si las emociones emergieran a través de la textura, abriendo otra vía de acceso para el espectador a un mundo cargado de intensidad.

 

Desafiando deliberadamente la tendencia contemporánea hacia los colores saturados y vibrantes, Kay prefiere tonos apagados combinados con zonas de saturación y color puro. Esto permite una mayor complejidad y sutileza, al tiempo que sugiere un punto de encuentro entre la realidad y la fantasía. Además, estos contrastes contribuyen a una atmósfera casi onírica o pesadillesca, donde el color equilibra intencionadamente brutalidad latente y vulnerabilidad. Los negros oscuros como la noche, los blancos impuros y los púrpuras o naranjas artificialmente dulces refuerzan la cualidad onírica e inquietante de las escenas al construir matices sutiles entre colores. Por otro lado, la amplia gama de grises ayuda a generar un sentido de realidad sin caer necesariamente en un estilo realista. Guiada por el instinto y la resonancia emocional, esta mezcla intuitiva de colores ocasionalmente culmina en un solo objeto o elemento que intensifica tanto la atmósfera como la luz de la escena, al mismo tiempo que subraya el enfoque expresivo sobre unas composiciones por lo general bastante estructuradas. Kay explica esta cualidad evocadora de la pintura mediante una analogía entre el enigma y el acertijo: “El acertijo es una forma en que la pintura puede ser lúdica y misteriosa, donde el espectador siente que hay una respuesta oculta tras la imagen. El enigma reside en lo sensual y atávico, lo que sugiere que, incluso ante un lenguaje o una forma que se asemeja al lenguaje, la representación y la legibilidad siguen siendo imposibles. Muy parecido al sentimiento general de la vida.”

 

Saša Bogojev

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Fantasma obra de Rolankay

Oil on canvas, 173 x 153 cm, 2025

SOBRE ROLANKAY

 

Rolankay es un artista nacido en 1989 actualmente asentado en Madrid. Su trabajo se articula principalmente a través de la pintura y el dibujo. Originario de la Región de Atacama, Chile, su obra está profundamente influenciada por el paisaje desértico del norte del país. 

 

Tras una etapa inicial en el ámbito de la Psicología, decidió orientar su carrera hacia las artes visuales, combinando su producción artística con labores docentes y de diseño editorial. Se formó en Ilustración en el Instituto Profesional de Arte y Comunicación Arcos, en Santiago de Chile, complementando su trayectoria con una investigación autodidacta centrada en la pintura. 

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Arte y naturaleza, obra de Rolankay

Oil on canvas, 108 x 103 cm, 2025

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